El Día Internacional de la Mujer se conmemora, no se festeja

Conmemorar y festejar no es lo mismo. Conmemorar es hacer memoria o recordar a alguien o algo, especialmente a través de un acto o ceremonia; mientras que festejar es celebrar con fiestas o hacer festejos en honor a alguien o algo. Así que el Día Internacional de la Mujer, celebrado cada 8 de marzo, es una conmemoración, pero ¿por qué? Porque nos recuerda las luchas que a lo largo de la historia han tenido que librar las mujeres para que se consideren y respeten sus derechos como iguales y no como menores a los hombres. Un esfuerzo que aún continúa, pues hay mucho camino por andar. Pero eso sí, podemos festejar cada logro en esta materia y, por supuesto, contribuir al empoderamiento de la mujer desde nuestras trincheras, ya sean masculinas o femeninas, todos tenemos que contribuir.

Todos somos iguales, esta es la premisa
Todos podemos aportar nuestro granito de arena. Desde tu papel como padre o madre, como compañero y compañera, como hermano y hermana, como mujer y hombre. Y la clave está en la educación, la cual nos llevará a tener una mayor conciencia sobre una premisa: todos, sin excepción, somos iguales.

Por supuesto, biológicamente no lo somos. Hombres y mujeres se diferencian físicamente, pero aquí de lo que estamos hablando es de derechos y responsabilidades, porque creo firmemente que el empoderamiento de la mujer no solo tiene que ver con igualdad de derechos, sino también de responsabilidades.

Así que, ¿qué podemos hacer para contribuir?
Empecemos por educar:
- Enseña a tus hijos (mujeres y varones) a respetar a los demás, sin excepciones.
- Enséñales a que no hay actividades de niña y de niño. Cocinar, lavar, limpiar o cualquier quehacer de casa pueden hacerlo ambos.
- Los sentimientos, todos, llorar, reír, ser tierno(a), cariñoso(a), etcétera, se nos dan a todos, hombres o mujeres, así que nos los reprimas, al contrario, motívalos a que los expresen libremente.
- Tanto niñas como niños pueden ser fuertes en la medida de sus capacidades.
- Quítate la idea de que solo el hombre es el proveedor de la casa, ambos pueden serlo y transmítelo a tus hijos. De esta forma las niñas no crecerán creyendo que alguien las va a mantener en un futuro, sino que ellas mismas pueden sostenerse.
- Educa con la firme idea de que estás formando personas, no hombres o mujeres, es decir, no hagas distinciones. Tu hijo debe aprender a lavar su ropa, tanto como tu hija.
- Enséñales que el valor de las personas radica en su esencia (formada de valores, principios, relación con su entorno y con los demás), no en su físico, de esta manera ambos aprenderán que una mujer no es un objeto sexual.

Quizá veas estos consejos como básicos y lo son, pero desafortunadamente los pasamos por alto creyendo que no influyen en nuestro comportamiento, cuando realmente son la base de las diferencias que aún se viven en nuestra sociedad.

Y cabe destacar, que no solo aplican para nuestros hijos, sino para nosotros mismos. De modo que si no tienes un pequeño en casa para transmitirle estos valores, grábatelos para que te sirvan como guía en la vida. Nadie es inferior al otro.